Muestras Pasadas

home

Rostros serenos, figuras iluminadas en espacios reales o mentales, materia y grafismos superpuestos en tramas densas que se recargan ante quien mira. “No son juegos estéticos. Sé que si movilizo a alguien con mi pintura, lo hago a un nivel profundo, que no tiene que ver sólo con colores o formas. Creo en un espíritu y en un alma, y creo que nos comunicamos desde ahí. No necesitamos solo de la religión porque tenemos nuestros propios recursos, y éste es uno”.

El valor de una obra no está en ser hermosa, ni sorpresiva, ni genial, dice la artista, sino en el proceso psíquico que se genera al ser contemplada, en las asociaciones, sentimientos, imágenes y cuestiones íntimas que se suscitan en quien la contempla. “Creo que lo que impacta a la gente de una obra no es el cuidado de la técnica, ni siquiera lo que tiene que ver conmigo, sino una sensación que tenemos todos, una cuestión profunda sobre el absurdo de existir. Compartimos un inconsciente, una sensación última, y cuando uno trabaja libremente, ese fondo aparece, ese sustrato colectivo donde se apoya nuestra individualidad. Mucha pintura se hace intentando ejecutarla de la manera más perfecta posible, diciéndole al otro exactamente lo que ve y lo que tiene que ver. Yo creo que en la imperfección del pintar, en los errores y huellas de lo que no está, de lo inconcluso. Ese es el espacio donde entra el otro, donde el mensaje se abre y permite la búsqueda de sentidos propios”.

Que la pintura tiene vida propia, que los artistas son mucho menos interesantes. Sol Halabi resiste el discurso autorreferencial con los mismos argumentos con que asiste a la defensa de la pintura como lenguaje completo, múltiple en recursos para involucrar capacidades intelectuales, intuitivas, perceptivas y motrices. Consciente e inconsciente, materia y espíritu. Sus materiales y temas recurrentes se reparten protagonismo en imágenes y situaciones. Agua, símbolos, caras de niños, seres sin edad. Cera de abejas, alquitrán. Fondos donde pueda explotar la razón última. “Entro en el taller y no pienso en nada más. Es tiempo y espacio liberado para hacer lo que tenga ganas, vale todo, y lo que se genera es muy fuerte. La imagen pide y lo que va apareciendo, la relación con la obra, es más fuerte que lo que yo quiera hacer. Cada cuadro es una historia. No puedo hacer varios a la vez y cada uno me absorbe por completo. Hasta que lo termino. Y entonces la alegría es tan grande, tan plena, que me pongo a bailar sola”.

Catálogo “Sol Halabi: pinturas”
Centro de Arte Contemporáneo
Córdoba, Argentina

Sol Halabi

De agua y bosques

Del 16 de julio al 26 de agosto

Acosta Ver obras

 

Gustavo Acosta

Preguntas al Espejo

Museo de Arte Contemporáneo de Panamá (MAC)

Junio 25 - Julio 30, 2009

(+más)