Past Shows

umbrales

Cada muestra representa el umbral de algo nuevo: la posibilidad de ver con la mirada fresca, de volver a creer, de recobrar la capacidad infantil de maravillarnos.

Umbrales nos ofrece la oportunidad de introducirnos en el universo sutil y mágico de Heriberto Mora. Retablos que parecen existir desde siempre, nos atrapan desde el inicio, para luego, muy quedos, susurrarnos sus secretos. Inmersos en su mundo, seremos parte del peregrinaje existencial y creador de un artista que deja su rastro en cada obra.

La pintura de María Navas nos mostrará el paisaje con una mirada actual.  A través de la historia, el hombre, conquistador perenne, ha erigido fortalezas, avasallando la naturaleza que lo rodea y lo nutre.  Con un planteamiento estético muy personal, la obra de María da cuenta de ello.

Ambas propuestas, subjetivas en su riqueza temática y experiencias vivenciales, como en la técnica y el oficio mismo de pintar, coinciden en construir mundos armónicos en los que prima la relación entre lo material y lo inmaterial; donde el silencio nos seduce y la soledad, como refugio, nos invita a reflexionar.

En medio de la vorágine y el absurdo del mundo contemporáneo, María y Heriberto detienen el tiempo en el umbral: ese territorio intermedio donde todas las opciones son posibles, ese espacio breve que nos asoma a nuestra humanidad, al primer paso tentativo, a la promesa de un inicio.

Porque la imaginación del artista, esa que rebasa fronteras, dota de aliento vital a un sueño, crea la ilusión de algo que posiblemente existe en alguna otra parte, algo que está allí, detrás del umbral, a sólo un paso de lo evidente.

 

Heriberto Mora: Un viajero de luz

El trabajo de Heriberto Mora es un viaje: la búsqueda espiritual del hombre.  Basta conocerlo, apenas minutos, para darse cuenta que filosofía de vida, hombre y obra son uno solo. 

Sus lienzos: místicos, profundos y llenos de misterio, tienen la transparencia y la luz de la mirada infantil.  Como un pequeño, se hace de un pincel y una espátula para modelar sus mundos.  Hasta sus blancos son ricos en matices, textura y volumen, logrando ese sentido tridimensional que captura el contraste de las sombras entre luces.  Como un monje, transforma en ritual su método creador y en meditación, el minucioso oficio de pintar. 

Elementos se repiten como un mantra: casitas de adobe, pequeños árboles, manchas, que se van tornando en gente, en paletas de artista, en mujeres hilando…  Un mantra que se repite tantas veces como sea necesario, hasta elevarse, en un conjunto armónico de formas, voces, colores y matices, casi abstractos, iluminándonos hasta dejarnos inmersos en el universo de la obra. 

El lenguaje poético de Heriberto está lleno de símbolos: llaves, cerraduras, ventanas de luz, libros, árboles, campanas… recogen tanto las representaciones universales, como su iconografía personal.  Su andar se ha nutrido de lecturas y reflexiones; de sus dudas; de sus afectos y sus anhelos; de su relación con ese ser supremo que le sirve de norte y sostén.

Estas señales son, si acaso, pequeñas guías en el trayecto. Las lecturas serán tan propias como la mirada de cada espectador con el que se entable un diálogo.  Y, como con toda buena obra, cambiarán con nosotros y continuarán sorprendiéndonos en el camino.

Como un juego de acertijos o un antiguo manuscrito con códigos por descifrar, cada obra se nos va dando poco a poco: la vamos descubriendo, como si nos llevara de la mano a acompañar a Heriberto en un pequeño tramo del camino. Cada una, como símbolo vital en el vasto mapa de la existencia, representa una clave, una pista.

O, más bien, podría ser una puerta de entrada a nuestros propios mundos.  Porque el artista, cada día, frente al lienzo en blanco o ya en progreso, se planteó interrogantes y se atrevió a cruzar el umbral de la creación, a continuar su viaje.  Ahora nos toca a nosotros cruzar los nuestros.

 

María Navas: Construyendo ventanas a lo invisible

Nuestra mirada de seres urbanos no repara ya en las fronteras que nos separan del entorno.  Alienado de personas y naturaleza, el hombre actual vive rodeado de hierro y concreto, de muros y cortinajes, de cristales reforzados que nos aíslan. Los supuestos domadores estamos presos en las jaulas que hemos construido. 

La obra de María Navas nos ofrece un punto de encuentro entre barrera y entorno. Cada una es el umbral de ese instante en el que los muros se transparentan para ser espejos, las ventanas se dejan penetrar, el silencio se hace camino, los árboles se disfrazan de sombras y colores inverosímiles para mimetizarse, ofreciéndonos a nosotros, hombres ilusos que creemos dominar, una salida.

La interacción de los volúmenes, la influencia recíproca de los espacios, el juego entre geometría y formas, obras dedicadas a Philip Johnson o a Barragán, sugieren su formación de arquitecta.  Sus series de Muros, Ventanas, In- Visibles se hacen de elementos arquitectónicos para reflejar la visión personal de una artista preocupada por el crecimiento desmesurado de la urbe y el futuro del hombre.

Quienes vivimos en la ciudad, difícilmente vemos nuestro entorno. Nos hemos acostumbrado a otearlo a través de agujeros, de tragaluces, de rendijas que muestran el muro vecino.  Ya por un hacinamiento impuesto por las circunstancias o en los colmenares de lujo que habitamos, las ventanas nos descubren al otro, a ese extraño que ha usurpado un fragmento más del paisaje.  Nuestra relación con la naturaleza se limita a jardines internos, patios con plantas domesticadas, presuntas imitaciones de un paisaje cuya magia radica en ser indomable.

En las obras de María, a pesar de las distancias, la naturaleza está cerca, muy cerca.  Se mimetiza, se viste de fuego, vence lo imposible.  A pesar de ser macizos, sus muros son ligeros, flotan, aliados con esos parajes que el hombre se empecina en subyugar. 

Somos los arquitectos de nuestra propia historia: esa que construimos con concreto armado, anclándola a la tierra, para que perdure. Una cárcel que, sin darnos cuenta, nos separa del canto de los pájaros, el verde de las hojas, el rumor del viento, los sonidos de la vida, la calidez del otro.

Mirie Mouynés
Allegro Galería

A Cuba, Colombia y Panamá, tres naciones en el umbral de tantas cosas…


 

UMBRALES

May 29th - June 29th 2008

koji Heriberto Mora
laura María Navas
   

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