Artistas

Giancarlo Vitor Soares

Canicas, una taza de café, una pareja de tenedores entrelazados, un vaso de agua… La primera reacción frente a la obra del artista peruano Giancarlo Vitor Soares es maravillarnos con su maestría, su técnica. Pero su obra demanda muchas lecturas. Mientras más la vemos, más nos damos cuenta de que recién comenzamos a mirar.

Adentrarse en su universo es sentir el acercamiento brutal de sus objetos, la magnificación de la realidad, experimentar el vértigo de sus ángulos, la insinuación del pliego de una tela, la luz que se refleja en la hoja de un cuchillo, intuir lo que no está dicho.

Llego a Giancarlo Vitor por los trabajos de su muestra “Banal: cotidianidad Freudiana”. Veo sus obras y siento cómo, sutilmente, logra que esos objetos mundanos cobren protagonismo, tomen nuestras vidas. Agresivos, sensuales, frágiles: inmensamente íntimos.

Su formación vanguardista y sus trabajos en arte conceptual: instalaciones, video, performance, sin duda, enriquecen su pintura. Pero es esta última la que lo atrapa, lo llena, lo obsesiona.


“Nocturno: interior - exterior”

necesitas aire sales a una ciudad ajena muda los autos se alejan
van a otro lado allá donde se tiene un propósito espejismos de luz
regresas para encontrar de qué asirte o para no desdibujarte
en la oscuridad de la noche las tijeras sobre un papel la ventana entreabierta
el tenedor sobre la mesa… tijeras… hoja… tenedor… taza… bala… objetos…
anclas que traicionan los miras están allí se desvanecen contigo


Cada muestra es parte de la travesía personal y profesional del artista. “Nocturno: interior – exterior”, exposición que introduce la obra de Giancarlo Vitor en Panamá es, en sus palabras, su trabajo más íntimo y personal hasta el momento.

En la primera parte de la muestra –exterior-, Yellow Motel, obra de gran formato, con luces desdibujadas, nos ubica en un sitio indeterminado y en la más oscura de las noches.

Lo acompañan una serie de lienzos en formato pequeño, que nos asoman a esa urbe que aliena al individuo. En ellos, poco a poco, se van descomponiendo calles, autos, luces, para convertirse en obras casi abstractas, donde neones y vallas, azules, blancos, amarillos y verdes, son trazos de ese mundo que está afuera, que no nos toca, que nos deja atrás.

Es una ciudad y ninguna: pero todos hemos estado ahí alguna vez. Sabemos dónde queda: allí, a la vuelta. Sin artificios, con la economía de elementos de quien ha alcanzado la madurez en su oficio, Giancarlo, como hacedor y caminante, capta escenas cotidianas dotándolas de cualidades psicológicas. Interioriza la noche y la plasma en el lienzo.

En interior, nos presenta un grupo de obras que destacan detalles de una habitación cualquiera, un sitio anónimo donde se busca refugio. En ese espacio, la mirada pasa de un lugar a otro. No busca los objetos, porque realmente no ve: se tropieza con ellos, al azar. Una taza muy blanca, las tijeras, una hoja, una bala, un botón; un frasco de jarabe, un vaso…

Se completa la muestra con una serie de obras en pequeño formato que plasman estos objetos. Pintados con colores austeros, casi monocromáticos –que les da una cualidad meditativa y melancólica-, estos fragmentos de la existencia, parecen abandonados, perdidos, fuera de contexto. Se los mira intensamente, comienzan a desdibujarse, se van desvaneciendo.

En “Nocturno: interior - exterior”, las obras de Giancarlo Vitor recogen el silencio, la quietud y la angustia de la noche existencial. Es obra que, más que comprenderla, hay que sentirla.

Mirie Mouynés
septiembre 2008

 

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